La experiencia Pollock

La obra «Número 7A, 1948» de Jackson Pollock transformó la historia del arte.

Su sofisticadísima interacción entre la pintura, el movimiento y la energía dinámica es el resultado de una forma de pintar totalmente nueva.

Realizada sobre un lienzo sin tratar y sin imprimación, esta composición altamente poética es el resultado de la nueva y revolucionaria técnica de Pollock, que equivalía a «dibujar en el espacio». Muy poco pigmento, si es que hay alguno, se aplica directamente sobre la superficie del cuadro; en su lugar, se vierte, se gotea, se salpica y se acumula en una disposición lírica de trazos negros entrelazados.

Estos se intercalan con toques de pigmento rojo vivo —algo que Pollock incluía ocasionalmente para añadir un toque dramático—, además de varias zonas discretas en las que ha introducido pinceladas de pintura morada.

Colocar el lienzo directamente sobre el suelo y trabajar desde arriba permitía a Pollock moverse alrededor de todo el lienzo, liberándose de las tradiciones de la pintura de caballete para crear una experiencia visual completa.

Gracias a esta nueva técnica, Pollock pudo involucrar todo su cuerpo tanto en la composición como en la ejecución de la pintura. Decía que se sentía más a gusto, más íntimamente involucrado en su creación. Pollock solía decir que se sentía dentro de sus pinturas, envuelto en una lucha constante entre lo que él quería que fuera la pintura y lo que la pintura quería hacer por sí misma.

Este nuevo y revolucionario enfoque cautivó el interés del público y Pollock apareció en revistas y programas de televisión por todo Estados Unidos, llegando incluso una influyente revista a preguntarse si era el mejor pintor estadounidense del siglo XX.  

‍Número 7A, 1948 es una obra maestra del arte del siglo XX. Su impresionante tamaño y su compleja composición dan como resultado un lienzo majestuoso y hipnótico que representa un momento clave no solo en la breve pero explosiva carrera del artista, sino también en la historia del arte en general.  

Experiencia Brancusi

Radiante en su materialidad y radical en su refinamiento formal, la obra de Constantin Brancusi es un icono del arte moderno. A través de su poderosa visión, Brancusi transformó el rostro femenino en un conjunto abstracto de formas armoniosas, cambiando para siempre el curso de la escultura en el siglo XX.  

Aquí, la cabeza de Margit Pogany, una estudiante de arte que el artista conoció en 1910, se reimagina como un continuo de curvas elegantes. Amplios arcos planos denotan su mirada y sus grandes ojos, mientras que, desde atrás, su pulcro moño forma una espiral, un mechón serpenteante de cabello recogido justo detrás de la oreja. Los detalles fisonómicos se destilan hasta alcanzar las formas más elementales y puras en la búsqueda de armonía de Brancusi. «No es la forma exterior lo que es real, sino la esencia de las cosas», afirmó en una ocasión. «Partiendo de esta base, es imposible que alguien exprese algo real imitando las apariencias superficiales».

Brancusi era un maestro de su material. Realizada inicialmente en mármol, Brancusi transformó este motivo en bronce hacia 1913, creando seis fundiciones de . En las primeras fundiciones, utilizó el dorado para alcanzar sus objetivos artísticos, una técnica poco habitual en su práctica, en la que el acabado era tan importante como el propio tema. «Cada material tiene un lenguaje particular que no pretendo eliminar y sustituir por el mío propio», explicaba Brancusi, «sino simplemente hacer que exprese lo que pienso, lo que veo, en su propio lenguaje, que es solo suyo».

La superficie dorada evoca infinitos reflejos de luz, mientras que, al mismo tiempo, la figura parece brillar desde dentro, como si fuera una antigua diosa o un icono de una época pasada. Junto con el dorado luminoso, la pátina oscura de su cabello evoca el arte antiguo de Asia Oriental. Al asimilar una presencia individual de su propia época, con una mirada hacia la apariencia y el significado de las obras de arte del pasado, Brancusi creó un lenguaje escultórico totalmente único y una nueva forma de feminidad.